carta #7

martes, marzo 01, 2011

Buenos días, mujer

mi noveno día de estancia en el país del olvido, amaneció con mi alma arrollada en un frío desolador. Puedo sentir ese frío disuelto en todos los huesos de mi cuerpo. Hoy, en cada paso, siento arrastrar mi sombra como si su peso fuera demasiado importante para dejarme caminar... como si en una ruptura de la armonía preconcebida,  hubiera decidido anclar sus garras sobre el suelo para inmovilizarme.

Yo conozco bien a mi alma, sé que solo trata de posicionarse en esta lucha de la pretensión de olvidar, afirmándome, que aunque puede que mi cuerpo consiga olvidarte, para ella, para mi alma, esa tarea, va a ser imposible...

Y yo ya no sé, en esta violenta y lúcida duda, si es mi cuerpo quién se convirtió en  la cárcel de mi alma, o si por el contrario, es mi alma la transformada en la cárcel de mi cuerpo...

Y eso es, mujer, lo que te puedo enviar hoy, papel emborronado de dudas, porque como bien sabes, acá no traje besos...

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